TRABAJO INVISIBLE, ¿PERSONAS INVISIBLES?

* Paco Simó. Estudioso Economía, heterodoxo, errático, crítico y con algún “ista” que otro.

Se llama trabajo invisible al que se realiza sin percibir remuneración, al que en la mayoría de los casos, no está valorado socialmente y al que se realiza en un entorno de proximidad de la persona que lo ejerce.

Este tipo de trabajos los realiza mayoritariamente la mujer, se conoce también como Trabajo Reproductivo, siendo sus principales características: Actividades destinadas al cuidado del hogar y de las personas que viven en él, de la familia en sentido amplio y que se hacen en el ámbito privado.

Según Teresa Torns, el Trabajo Reproductivo se puede agrupar en cuatro grandes bloques:

  1. Cuidado y mantenimiento de la infraestructura del hogar.

  2. Cuidado y atención de la fuerza de trabajo presente, pasada y futura.

  3. Organización y gestión del hogar y la familia.

  4. Representación conyugal.

En los pensamientos económicos clásicos, trabajo se ha identificado con empleo (en el mercado reproductivo y remunerado). Las familias se perciben como unidades de consumo de bienes, invisibilizando que en el interior de los hogares se realiza un importantísimo trabajo que necesitamos como sociedad. La invisibilización de este trabajo se debe al deseo de no reconocer la insuficiencia del mercado y de la economía capitalista para abastecer todas las necesidades humanas.

“El sistema, en términos monetarios-económicos, no subsistiría con tan solo el trabajo mercantil. Ha necesitado externalizar los costes hacia la esfera doméstica” (Carrasco-2007). Expresado de otra forma que nos ayude a comprender mejor lo dicho, a este trabajo también se le denomina como “Altruismo Obligatorio”. Trabajos no remunerados, poco valorados, pero, eso sí, aparentemente altruistas que se desarrollan de forma obligatoria. Todo un contrasentido.

Muchos agentes sociales, partidos políticos (de izquierdas), asociaciones, plataformas, ong’s, que luchan de una forma u otra para hacer visibles esos trabajos para que la sociedad valore y tome conciencia de su importancia, además de dignificar su función, para que las personas que lo realizan no caigan en la exclusión social que representa su invisibilidad.

Algunos, pocos, partidos políticos han planteado diversas soluciones para terminar con la injusticia e inequidad que representan. Cierto es que, hasta ahora, han sido proposiciones realizadas desde el marco teórico de programas electorales o estudios publicados en diversos medios. No han tenido la oportunidad real de llevarlos al terreno de la práctica. Solo en algunas Comunidades Autónomas se tendría la posibilidad de dar algún paso para pasar del marco teórico al práctico y poner en marcha las soluciones desarrolladas

Ahora que estamos en campaña electoral, sííí otra vez, y todos los partidos han puesto en marcha toda su maquinaria electoral, todas sus fuerzas productivas a plena producción para conseguir esos votos de más que su contrincante que les permita llevar al terreno de lo real sus propuestas programáticas, estaría bien que no se olvidaran de esas “personas” que están realizando esos “trabajos invisibles”, cumpliendo con un “altruismo obligatorio”.

Las fuerzas productivas con las que cuentan los grandes partidos (en número de votos y escaños), y los que aspiran a serlo (principalmente desde la izquierda) están totalmente desproporcionadas. Los primeros cuentan con un capital inmensamente superior al de los aspirantes, un capital conseguido en muchas ocasiones de forma ilegal. Pero, aunque no fuera así, la desproporción entre el capital de unos y otros seguiría siendo grandísima. ¿Con qué fuerza productiva cuentan los partidos de izquierda aspirantes para luchar contra esa desproporción de medios?, con el trabajo, al que se añade la creatividad, ilusión, talento y compromiso con la sociedad. A más compromiso con la sociedad (aún desde el plano teórico), con las personas, mayor es la entrega incondicional a la causa de sus militantes-simpatizantes. Jornadas de trabajo interminables para conseguir que sus candidatas-os (demasiadas veces instaladas-os en el Olimpo, como si no fueran de este mundo) queden mejor que sus rivales, que el partido tenga el máximo de visibilidad para conseguir ganar el mayor número de votos que permitan poner en práctica sus políticas. Paradójicamente, en toda esta locura que son las campañas electorales, militantes-simpatizantes y sobre todo los cargos orgánicos de los partidos (por su mayor responsabilidad en la organización y dirección) caen en la trampa de hacer lo contrario de lo que defienden y quieren para con la sociedad, para con las personas. Los partidos, especialmente los de izquierdas, se nutren de todo un colectivo, de toda una fuerza productiva de Trabajo, pero, por desgracia, de un “Trabajo Invisible”.

Que ese voto de más, que ese escaño de más, que ni tan siquiera la recompensa que tendrán al conseguirlo para poder llevar a buen fin sus políticas y conseguir una sociedad más justa y equitativa haga que se olviden que los trabajos nunca deben ser invisibles, porque se cometería el mismo error que tratan de combatir, el de convertir a las personas en invisibles, y si para los de fuera del partido no vale, para las-os de dentro (las-os más próximos) tampoco.

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